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Lunes - 22.Mayo.2017

El hombre que salvó más vidas en la historia de la humanidad

(13/11/2012)

Autor: Ambros

Es difícil establecer que ser humano ha salvado más vidas en la historia de la humanidad. Suelen citarse nombres como el de Sir Alexander Fleming, el inventor de la penicilina. Pero no es descabellado dar este titulo a Norman Borlaug. ¿Su contribución? Cultivar alimentos para cientos de millones de personas.
 
En 1942, la población mundial rondaba los 2.300 millones de personas y la segunda guerra mundial estaba en su apogeo. Ese año, Norman Borlaug recibió su doctorado en genética y patología de las plantas. Su primer trabajo fue colaborar en el esfuerzo de guerra norteamericano desde la multinacional DuPont. Pero apenas dos años después se trasladó a México. Su objetivo era luchar contra un enemigo diferente, el hambre.
 
México tenia que importar la mitad del trigo que consumía lo que empobrecía irremediablemente a un país que ya era pobre de por si. Borlaug trabajó en el desarrollo de nuevas variedades de trigo cruzando exhaustivamente las variedades locales y volviendo a combinar los resultados más prometedores. Como ventaja adicional, utilizó dos zonas diferentes del país para producir dos cosechas anuales y duplicar la velocidad de las mejoras. Sus variedades de trigo "enano" no solo eran más productivas, además podían soportar mayores variaciones climáticas.
 
El éxito de Norman Borlaug permitió que México fuese autosuficiente y le convirtió en el director del programa del trigo en Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo de México (CIMMYT).  Era 1964 y la población mundial rozaba los 3.300 millones de personas. 1.000 millones de personas adicionales y la escasez de alimento empezaba a extenderse por Asia. Un par de años después, India importó 18.000 toneladas de semillas de México. El éxito fue tan grande que Pakistán siguió su ejemplo y las cosechas de ambos países se duplicaron en un corto espacio de tiempo. El mundo empezó a hablar de la “Revolución Verde
 
En 1970, Norman Borlaug recibió el premio Nobel de la paz en un planeta con 3.700 millones de habitantes. Nueve años después se retiró para dedicarse a la formación de nuevos investigadores. Parecía el tranquilo final de una, más que meritoria, carrera. Sin embargo, una nueva crisis se estaba incubando en África. En los años sesenta, África era capaz de alimentarse de forma autosuficiente. Sin embargo, el explosivo crecimiento de la población hizo que su agricultura fuese incapaz de mantener el ritmo. Los ochenta vieron como las hambrunas se extendían por África mientras el mundo dudaba entre dar pescado o enseñar a pescar. Borlaug fue rescatado de su semi-retiro y comenzó a aplicar su filosofía de trabajo en varias naciones africanas. La combinación de nuevas variedades y técnicas de cultivo mejoradas volvió a tener éxito y consiguió aumentar el rendimiento de los cultivos.
 
Producción mundial de cereales y rendimiento por hectarea
 
 
Norman Borlaug murió en 2009 cuando contaba con 95 años y la población mundial rondaba los 6.800 millones de personas. Casi el triple de la población existente cuando finalizó su doctorado. Para bien y para mal, este también es parte de su legado. Un legado que no esta exento de críticas. Algunos dicen que salvó a la humanidad del hambre a cambio de  reducir las variedades cultivadas, promover semillas caras y de fuentes limitadas, abusar de abonos y pesticidas sintéticos e intensificar la erosión del terreno cultivable.
 
Personalmente, no estoy de acuerdo con estas críticas. Se cometieron errores, como en cualquier actividad humana, pero la agricultura nunca ha sido una actividad “natural”. La evolución ha seleccionado las plantas y frutas que mejor han logrado reproducirse, no las que mejor nos alimentan. Cruzar variedades y escoger ciertas características es tan antinatural, y tan antiguo,  como un arado de metal. E igual de útil. Sin las contribuciones de Norman Borlaug, y sus colaboradores, la población mundial se habría triplicado con las mismas variedades de trigo y maíz para alimentarse. El triple de población implica el triple de espacio dedicado a campos de cultivos, el triple de agua, el triple de abono, el triple de impacto sobre los recursos naturales. Y cada nuevo terreno de cultivo son menos bosques, menos zonas naturales, menos biodiversidad. Su trabajo ha ayudado tanto a la población actual como a las futuras generaciones. En sus últimos años, Norman Borlaug defendió el uso de cultivos modificados genéticamente como la mejor forma de mantener a la población alimentada mientras se preservan, en lo posible, las zonas naturales. Sinceramente, creo que puede ser nuestra única opción.
 
 
*Norman Borlaug es el hombre que salvó más vidas en la historia de la humanidad", Josette Sheeran, directora del Programa Mundial de Alimentos (PAM) de las Naciones Unidas, 2009
Etiquetas: biología, historia
Autor: Ambros
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Comentarios




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LUIS FELIPE GUZMAN VILLENA el 04/08/2013:

los artículos que escriben me parecen muy interesantes.

Ambros el 14/11/2012:

Idoia, entonces no estamos tan lejos. Como leí una vez, "el precio de la libertad es la eterna vigilancia". SIEMPRE debemos vigilar atentamente la investigación tanto pública como privada e intentar controlar los riesgos que genera. Para el segundo punto, me tira mi lado de ingeniero. Cambiar los factores socio-económicos que definen el mundo es muy, muy difícil. A veces parece un misión sin esperanza. Pero unos desarrollos tecnológicos pueden hacerlo posible. Citándome a mi mismo, creo que fue la tecnología y no la ética, lo que terminó con la esclavitud, http://cienciadebolsillo.…-i-d/gmx-niv30-con323.htm

Idoia el 14/11/2012:

Ambros, no me opongo a que haya una investigación pública en cultivos transgénicos, pues creo que el conocimiento es bueno. Otra cosa es el uso que hagamos de él. Sin embargo, la investigación privada en una materia tan delicada me da miedo. Una empresa que dedique miles de millones a investigación pretenderá que su inversión sea rentable y por ello no nos debería extrañar que la ética no sea lo que prime. Lo hemos visto en la industria tabacalera que durante años negó que hubiera cualquier tipo de relación entre el tabaco y el cáncer, lo estamos viviendo en la crisis bancaria. La segunda precisión que quiero hacer es que no pensemos que si hay hambre necesariamente tiene que se porque no hay alimentos. Por eso ponía el ejemplo de la viviendas. Los factores socio-económicos o políticos tienen mucho que ver en que haya o no seguridad alimentaria. Por eso, la afirmación de que "los alimentos transgénicos serán nuestra única opción" me parece uno de los argumentos que las grandes corporaciones nos venden para convencernos de que su uso es inevitable, como si nuestro destino estuviera ya marcado y no hubiera nada en nuestra manos que podamos hacer. Y, en lo poco que yo pueda hacer, me niego a aceptar que esto sea así.

Ambros el 13/11/2012:

Idoia, gracias por tu comentario. Si me permites simplificarlo un poco, entiendo que tienes dos objeciones básicas. La primera es que, si redujésemos el consumo de carne, la necesidad de cereales sería mucho menor. Eso es completamente cierto. Saber si es deseable o no, si todos deberíamos hacernos vegetarianos, es otro debate que sería mucho más largo. Imaginemos que Norman Borlaug hubiese sido vegetariano, ¿Crees que debía ayudar a la sociedad tal cual era o exigir que cambiase antes de hacerlo? No es una pregunta trivial. Hay casos (por ejemplo, el desarrollo de la bomba atómica) donde los científicos se enfrentaron a grandes dilemas éticos. No era nada fácil escoger el mal menor. La segunda objeción es la concentración de poder que pueden provocar las semillas transgénicas. También es cierto. Pero ese no es un argumento en contra de las semillas y sus mejoras productivas. Es un argumento en contra de la forma en que esta organizada la investigación sobre las mismas. La mejor defensa contra este escenario es el trabajo de organismos como el CIMMYT al que perteneció Borlaug. Un organismo internacional y sin animo de lucro que desarrolla nuevas semillas pero, también, almacena miles de variedades en bancos genéticos que garantizan que no se pierdan. Si rechazas una investigación pública sobre transgénicos que sea robusta, de calidad y dotada de fondos suficientes estas dejando en manos de las empresas cualquier posible desarrollo. Y los fondos para la investigación pública es algo que, desgraciadamente, esta faltando mucho últimamente.

Ambros el 13/11/2012:

Muchas gracias, Manuel. Yo también llegue a la biografía de Borlaug a través de un libro que comentaré próximamente. Me gusto tanto su vida que tenía que escribir una entrada al respecto.

Ambros el 13/11/2012:

Jose Miguel: Muchas gracias. El papel científico de Borlaug en África fue mucho más reducido pero también importante. No subestimes la capacidad de un premio Nobel para conseguir la colaboración entre diferentes gobiernos y organismos, el intercambio de información o la financiación.

Idoia el 13/11/2012:

He leído con mucho interés el artículo, pero me he llevado una decepción por la opinión final del redactor de que los cultivos modificados genéticamente puede ser nuestra única opción. Como sé que le gusta ser riguroso en sus afirmaciones y a mi me parece que la visión presentada es reduccionista, os expongo los argumentos que hacen que le lleve la contraria. ¿El problema del hambre en el mundo es sólo cuestión de la tecnología, de la producción? ¿Sería equivalente a decir que el problema del acceso a la vivienda se resuelve teniendo capacidad para construir muchos edificios? Si eso fuera así, en España no tendríamos problema alguno. Y por desgracia no es el caso. ¿Y qué pasaría si todo el mundo tuviera a derecho a tener una primera vivienda, más un apartamento en la costa y otro en la montaña? ¿Nos parecería apropiado? Pues en el caso de la alimentación podríamos decir que todos los que vivimos en el primer mundo lo tenemos. ¿O alguien tiene presente lo ineficiente que es producir cada kg de carne de ganadería industrializada (de 3 a 20 kg de proteina de origen vegetal para producir un kg de carne)? El segundo gran problema de los cultivos transgénicos es la concentración de poder que se está produciendo en unas pocas grandes multinacionales. Un estudio de ETC Group afirma que tres empresas se reparten la mitad del mercado global de las semillas comerciales, prácticamente las mismas que controlan el de los pesticidas, herbicidas y plaguicidas. ¿Pensáis que quien controla la producción de las semillas transgénicas (que los agricultores tienen que comprar cada año porque están patentadas y protegidas por derecho de propiedad intelectual) venderá a los agricultores semillas convencionales que puedan tener unos rendimientos similares o algo menores pero que los agricultores pueden cultivar y usar como semillas siempre que quieran ya que no están patentadas? ¿Queremos que los agricultores se conviertan en unos simples operarios de la cadena de montaje de la industria alimentaria? ¿Después de ver lo que ha pasado con la banca queremos que la alimentación mundial esté en manos de unos pocos? Aquí os dejo unos enlaces sobre el tema: http://elpais.com/diario/…go/1055044359_850215.htmlhttp://www.slideshare.net…humana-de-jorge-riechmannhttp://www.slideshare.net…de-quien-es-la-naturaleza

Manuel Álvarez el 13/11/2012:

Muy interesante la entrada. Conocí la historia de Norman Bolaug por el libro de Matt Ridley, El optimista racional: http://manuelalvarezlopez…nal-matt-ridley-2010.html Norman Borlaug, persona desconocida para mí, es alabado (p. 145) como el responsable directo de la salvación de la vida de millones de personas. Gracias a sus investigaciones para la mejora de la agricultura y su implementación en países como India y Pakistán.

José Miguel el 13/11/2012:

Me llama poderosamente la atención que se tuviera que recurrir de nuevo a Norman para "salvar" Africa. ¿Es que ninguno de sus alumnos era capaz de abordar el problema? ¿No hemos aprendido de su ejemplo?. Por otro lado, personas como Norman son las que realmente habría que recordar con más asiduidad en los medios, para que su ejemplo pueda ayudar a "dar pistas" a otras personas. Por mi parte tengo que decir que desconocía que hubiera existido Norman y tampoco lo que hizo. Gracias Ambros por éste artículo.

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