|
No, nada de pseudociencias en este blog. La zona muerta es el gráfico nombre que reciben determinadas zonas del océano totalmente desprovistas de vida animal. Ningún animal crece, se mueve o reproduce. Y parece que van en aumento.
En la zona abisal, entre 2.000 y 6.000 metros, puede encontrarse vida. A pesar de la ausencia total de luz y de una presión equivalente a casi 800 kilogramos por centímetro cuadrado los animales consiguen sobrevivir mientras tengan un elemento fundamental. Oxigeno. El oxigeno debe llegar hasta esa profundidad. Sin oxigeno disuelto los animales no pueden sobrevivir y dado que no hay algas para generarlo, ¿de donde sale?
Este oxigeno llega al fondo del mar arrastrado por las frías corrientes marinas que se hunden desde la superficie de los polos. Curiosamente la zona mas profunda no es la que tiene menos oxigeno ya que tiene muy pocos animales que lo consuman. La concentración mínima se encuentra alrededor de los mil metros. Por encima de esta profundidad el oxigeno disuelto o arrastrado desde la superficie aumenta de nuevo la concentración. La linea en morado claro es el oxigeno.

También hay que considerar que a mayor temperatura menos cantidad de gas puede disolver el agua. La siguiente imagen muestra la variación de la concentración de oxigeno en la superficie del océano.

Si recordáis, ya comentamos que el océano perdía capacidad para disolver gases, entre ellos el CO2 y el O2, al aumentar la temperatura. Así que otra consecuencia del efecto invernadero es que puede dificultar la oxigenación de los océanos. Pero, a corto plazo, el problema principal es el exceso de nutrientes en el agua. Las enormes cantidades de fertilizantes utilizados en la agricultura y que son arrastrados hasta el mar generan un proceso denominado eutrofización.
El aumento en la población de algas enturbia el agua hasta bloquear la luz solar. Esto impide la fotosíntesis, matando a las algas. Estas se descomponen consumiendo todo el oxigeno del agua y eliminando cualquier posibilidad de vida. Se han localizado unas 150 zonas de este tipo con tamaño variable desde unos pocos kilómetros cuadrados a cerca de 80.000.


La muerte de tantos animales genera una autentica lluvia de “nieve orgánica” que cae al fondo donde las bacterias la ingieren utilizando el escaso oxigeno restante. Temporalmente, la vida animal desaparece. En algunas ocasiones, es posible recuperar estas zonas ya que vuelven a ser colonizadas en cuanto se recupera la concentración de oxigeno. Desgraciadamente hay zonas tan contaminadas que el oxigeno ha desaparecido permanentemente. El este del Mar Báltico es la zona más degradada con una extensión variable que puede llegar a los 100.000 kilómetros cuadrados pero de nosotros depende que la docena de zonas muertas persistente que aparecen en el gráfico no sigan extendiéndose y multiplicándose.
|