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Imaginemos una sociedad donde políticos, jefes y amantes siempre dicen la verdad. Por costumbre porque, durante toda su vida, una máquina ha sido capaz de detectar sus mentiras y ya están acostumbrados a no intentar engañarla. Quizás nunca tengamos la tecnología para ello. Sin embargo, eso no es obstáculo para muchos lo intenten. Bienvenidos al fin de los secretos.
La definición clásica de máquina de la verdad sería un aparato capaz de decirnos si alguien miente cuando habla. Esta idea aún esta lejos de materializarse. Los polígrafos actuales se basan en la medida de conductividad de la piel, la presión arterial o la frecuencia cardiaca. Son escasamente fiables y muchas veces han sido engañados con éxito. Otros sistemas más avanzados han intentado utilizar el análisis de la actividad cerebral pero no han pasado de la fase de prototipo. Aún así, parecen una opción viable y puede que se completen con éxito en unas décadas. Esta posibilidad y sus consecuencias fue muy bien desarrollada en la novela "La máquina de la verdad" de James L. Halperin que podéis descargar gratuitamente en el enlace.
Pero estas máquinas siempre me han parecido incompletas. Como mucho pueden decir lo que alguien cree que es verdad. Y nuestra mente no es realmente fiable. Hay investigaciones que afirman que podemos auto-engañarnos inventando recuerdos de hechos inexistentes y es bien conocido que bajo hipnosis es posible implantar falsos recuerdos en una persona. Un testigo de asesinato puede decir lo que cree que vio pero, ¿no seria mas interesante saber que ha pasado exactamente?.
Hay propuestas para lograrlo. La más complicada implica desarrollar una máquina capaz de ver el pasado. No hay nada que se oponga a ello en la física que conocemos. Las consecuencias sociales y culturales serian espectaculares e irian mas alla de la "simple" busqueda de la verdad. Una de ellas seria la perdida absoluta de intimidad. Lo que ha sucedido hace un segundo ya es pasado y esta hipotética máquina podría mostrárselo a cualquier extraño, en cualquier lugar. No soy capaz de decidir si seria un mundo maravilloso, mucho más sano y sincero, o la mayor de las pesadillas. Hay algo de cada cosa en la magnifica novela "Luz de otros días" de Stephen Baxter .
Quizás nuevos avances en la física eliminen la posibilidad de una máquina así. ¿Hay alguna tecnología menos especulativa que permita algo equivalente? En realidad si, pero solo si todos queremos. Mi primera fotografía en Internet, incluyendo nombre y apellidos, fue muy posterior a este blog. Y la puso allí alguien a quien yo no conocía hasta entonces. Nuestra vida privada está siendo erosionada poco a poco gracias a Internet, los correos electrónicos y las redes sociales. Este “asalto” parece menos importante porque no hay buenas tecnologías de búsqueda y la información se pierde sin consecuencias. Sin embargo, esto esta cambiando rápidamente. Programas como iPhoto o Picasa han incorporado técnicas de reconocimiento facial para buscar fotografías de una persona concreta. Son una pequeña muestra de lo que pueden hacer proyectos gubernamentales como el Face Recogniticion Grand Challenge. Pronto nuestra imágen podra ser rastreada sin grandes dificultades.
El siguiente paso es utilizar imágenes de vídeo y combinar distintas cámaras para permitir el seguimiento de una persona en el metro, en una ciudad o, con suficientes cámaras, en su vida diaria. David Brin describió en su extraordinaria novela “Tierra” un mundo donde el miedo a la criminalidad lleva a los ancianos a una solución drástica. Deciden utilizar permanentemente cámaras personales que graban y retransmiten a su ordenador casero las imágenes de su entorno. Adiós a robos y ataques porque cualquier intento es filmado y el culpable rastreado a través de las cámaras de todos ellos. ¿El primer paso? Proyectos como MyLifeBits, donde un ingeniero de Microsoft ha ido archivando las imágenes y sonidos su vida en una enorme base de datos.
De momento, nada de esto es posible. Podemos reírnos de esta posibilidad como hacen en este divertidísimo video de The Onion. (subtitulos en castellano) Dentro de veinte años quizás no sea tan divertido.
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