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Martes - 07.Febrero.2012


El Nim, tradiciones milenarias y patentes biológicas

(13/09/2007)
Autor: (Ambros)

Comentábamos hace unas semanas que tener un remedio antiguo no garantiza que funcione. Pero si funciona, las empresas se apresuran en aprovecharlo. Incluso a costa de intentar  impedir costumbres tradicionales utilizando la legislación sobre patentes.

La Azadirachta indica o Nim, es un árbol resistente capaz de crecer en zonas semiaridas con escasas precipitaciones y altas temperaturas. Su cualidad más destacable es la gran variedad de usos tradicionales, mas o menos demostrados,  del Nim

Por ejemplo, sus semillas se utilizan como pesticida y un aceite extraído de las mismas es utilizado tradicionalmente como fungicida. La madera contiene compuestos químicos naturales que repelen a las termitas lo que la convierte en un material  de construcción interesante en muchos países, desde Estados Unidos a la India. Incluso es usado como”cepillo de dientes” natural.  Dadas estas características no paso mucho tiempo hasta que llamo la atención de diversas empresas. Una de ellas, W R Grace, patentó el uso de sus semillas como producto fungicida e intento impedir este uso sin su autorización. El problema es que la población de muchos países, desde la India a Nigeria, ya lo venía utilizando con ese fin. ¿Es razonable que una empresa pueda patentar ese conocimiento? ¿Qué habría pasado si alguien hubiese patentado un  compuesto natural como la quinina? Sin duda habría hecho una fortuna a partir de un producto natural que podía tratar la malaria y marcar la diferencia entre la vida y la muerte durante varios siglos.

En realidad esta no es la historia de una conspiración. No hay ningún interés en esconder un producto natural que funciona. ¿Para que? Es una cuestión de avaricia. Es mucho, mucho más rentable patentarlo y cobrar por su uso. Aunque el proceso acabe en situaciones difíciles de entender.  En este caso concreto, la patente fue contestada antes los tribunales. Tras diez años de juicios, la Oficina de Patentes Europea, revocó la patente  inicialmente concedida a la empresa W R Grace para utilizar el aceite del Nim como fungicida. El fallo se basó en la existencia de un uso anterior públicamente conocido. Pero esta era solo una de las 70 patentes concedidas alrededor de esta planta. Y no es la única planta en esta situación.

No hay duda de que las patentes son la motivación principal de los enormes presupuestos en investigación de muchos laboratorios médicos. Y esa investigación es buena y necesaria. Pero hay ciertos límites que es mejor no superar. O poniendo un ejemplo, mejor secuenciar el genoma humano y colocarlo gratis en Internet, que esperar mientras Craig Venter, o cualquier otro,  intentan patentar los genes básicos para crear un organismo vivo. Aunque cueste.

Etiquetas: biología, patentes
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