Martes - 02.Diciembre.2008

Ambrosio Liceaga
Contáctanos
Subscríbete vía e-mail
RSS




Estás en:Física -

El cielo se nos cae encima

ver las estadisticas del contenido recomentar  contenido a un amigo

Los seres humanos nos acostumbramos pronto. Sabemos que, en ocasiones, nos sobrevuelan millones de toneladas y continuamos nuestras vidas confiados sin preguntarnos ¿Por qué no caen? Bueno, en ocasiones caen de forma rápida y violenta ocasionando enormes daños. No, no estoy hablando de los aviones. ¿Nunca os habéis preguntado porque flotan las nubes?

El vapor de agua es un gas, y como tal, se mezcla con los gases que están presentes en el aire. De hecho, siempre existe una cierta cantidad de vapor de agua presente en el ambiente, es lo que conocemos como humedad ambiental. Pero las nubes no están formadas por vapor de agua. Las nubes se forman cuando el vapor de agua se condensa en gotas de agua o en cristales de hielo.  Y como todos sabemos una gota de agua o un cristal de hielo son materiales pesados que no deberían flotan en el aire.

Lo cierto es que no flotan, sino que suben y bajan de forma constante. Su tendencia natural sería caer aunque intervienen otros efectos para contrarrestar esa tendencia. Una gota de agua típica suele medir décimas o centésimas de milímetro y cae a 1 o 2 centímetros por segundo dentro de su nube . Eso permite que actúen sobre ellas distintos efectos que ralentizan o impiden la caída.

En primer lugar, las nubes están en movimiento arrastradas por corrientes de aire. Así una corriente ascendente puede hacer que las gotas se mantengan en equilibrio, floten o incluso asciendan. También es necesario tener en cuenta la orografía del terreno, una corriente de aire que choca con una montaña se eleva y arrastra cualquier objeto con ella.

En segundo lugar, tenemos los efectos térmicos. Esa misma corriente de aire se enfría al ascender y eso puede provocar la condensación del vapor en gotas. Pero esa condensación genera calor, y el aire caliente provoca que la nube siga ascendiendo. En general, los efectos esta muy interrelacionados y son muy difíciles de analizar.  

En último  lugar esta la cuestión del tamaño de las gotas. El agua forma núcleos de condensación que van creciendo en tamaño. Cuanto mayor sea el tamaño, más difícil será que las gotas consigan mantenerse en el aire. Un caso extremo sería la formación del granizo. Las gotas se condensan y caen  pero fuertes corrientes de aire vuelven a elevarlas aumentando de tamaño en el proceso. Si este proceso se repite suficientes veces la pequeña gota de agua ira aumentando de tamaño hasta formar bloques  de hielo del tamaño de una pelota de tenis. Mejor estar protegido cuando el cielo, finalmente, se nos caiga encima en forma de granizo.

Compártelo:
meneame digg delicious technorati google bookmarks yahoo blinklist
vota:
(0 votos: promedio 0 sobre 5)
31/12/2005 ir arriba

COMENTARIOS
añadir comentario
Esta web no se hace responsable de los comentarios escritos por los usuarios. El usuario es responsable y titular de las opiniones vertidas. Si encuentra algún contenido erróneo u ofensivo, por favor, comuníquenoslo mediante el formulario de contacto para que podamos subsanarlo.
ir arriba



Secciones
Vídeos
Biología
Astronomía
Astronáutica
Medio Ambiente
Geología
Historia
Física
Química
Matemáticas
Tecnología
Transportes
Máquinas
Ordenadores
Nanotecnología
Miscelanea
Opinión
Enlaces
Novedades
Calor de las minas
Theo Jansen, OVNIS y animales de playa
Un ramillete con cientos de flores
Un mar de nubes aceleradas
Buscando el equilibrio
El napalm y los murciélagos
Tercer aniversario
El auténtico primer vuelo trasatlántico
Premios 20blogs
Iluminar las calles gracias a la genética
Lo + visto
Como hacer una lámpara de emergencia con un lápiz
Accidente de reactividad
Los árboles de Dyson
Las armas nucleares perdidas
Glóbulos rojos. Simples y casi perfectos.
Helio, el fin de otro recurso no renovable
Visualizando la velocidad relativa
Hubbert y los máximos en la extracción del petróleo
“Me he convertido en la muerte, el destructor de mundos”
Espías, la Luna y el radiotelescopio de Arecibo