Puede considerarse un fósil de un pasado remoto. Y, como otros fósiles, se encuentra bajo la tierra. Sin embargo, esto no implica que este protegido. El acuífero Ogallala, es una inmensa masa de agua que impregna el subsuelo de 8 estados en los Estados Unidos. Es, también, una fuente no renovable que empieza a agotarse. No es el único ejemplo en nuestro planeta.
Todo sabemos que, bajo la superficie terrestre, puede encontrarse agua. Pero no somos conscientes de la cantidad almacenada o del tiempo requerido para ello. Son ríos, lagos o auténticos mares de agua dulce que se esconden en rocas permeables y podemos extraer mediante pozos y bombeos. El acuífero Ogallala es uno de los más importantes ya que ocupa un área de unos 450.000 kilómetros cuadrados un espesor de agua de entre 30 y 120 metros. Su formación fue muy lenta y progresiva. Para observarla tendríamos que retroceder entre 2 y 6 millones de años. Los ríos de aquella época acumulaban sedimentos porosos sobre una superficie impermeable. Estos sedimentos quedaron impregnados de una enorme cantidad de agua. Encajada entre rocas impermeables, y sin acceso al mar, se fue acumulando hasta ser descubierta a principios del siglo XX. Después de la segunda guerra mundial, comenzó la perforación masiva de pozos para alimentar a la agricultura de la zona. El crecimiento de la población también exigía un suministro fiable de agua y este inmenso acuífero se convirtió en un recurso valiosísimo y aparentemente inagotable. Sin preocuparse por lluvias o variaciones climáticas, los campos situados sobre el acuífero tenían agua garantizada gracias a la energía barata que permitía su bombeo hasta la superficie. Esto ha provocado que
el 80 por ciento del agua consumida en esta zona proceda del acuífero. Hablamos varios millones de personas y cerca del 20 por ciento de la producción estadounidense de trigo, algodón o maíz.


Pero, por muy abundante que sea, este suministro no es inagotable y tampoco puede reponerse con las lluvias. Poco a poco, milímetro a milímetro, el nivel del agua fue desciendo al igual que la zona que ocupaba.
Los pozos comienzan a secarse conforme el agua se concentra en las zonas mas profundas.
No es el único ejemplo. Antes de ocupar las portadas por el actual conflicto bélico, Libia fue famosa por el
enorme acuífero de Nubia. Escondido bajo el desierto del Sahara, ocupa unos dos millones de kilómetros cuadrados con una capa subterránea de agua de entre 140 y 200 metros. Es considerado el mayor del planeta pero también es explotado de forma masiva.
Centenares de pozos y miles de kilómetros de tuberías transportan el agua desde el centro del país a las ciudades costeras. Agua acumulada en los últimos 40.000 años y que tampoco puede reponerse.
La casi desaparición del mar de Aral o del mar de Salton han sido mucho más visibles y, aún así, no se pudo o quiso evitarlas. Probablemente suceda lo mismo en estos casos. Recursos temporales como estos acuíferos, o la fusión de los glaciares en el Himalaya o los Andes, provocan un aumento transitorio del flujo de agua a poblaciones que viven en la escasez. Cuando termine, será la situación para ellos será mucho, mucho peor. Solo una reducción drástica de la población y su consumo de agua o disponer de mas energía y mejores tecnologías de desalación podrán evitarlo. Toca escoger.