Para obtener datos científicos de la Luna a veces hay que golpear el terreno con naves espaciales desechadas. O lanzar penetradores que se incrusten en su interior. Pero hay quien propuso dar un paso más y bombardearla con armas nucleares.
No es fácil averiguar de que esta hecho otro planeta o luna. La espectroscopia nos permite analizar solo la capa más externa y determinar su composición basándonos en la luz que emite. Pero eso nos dice muy poco sobre que hay bajo la superficie. De hecho, uno de los primeros problemas de las misiones lunares era determinar si el suelo seria capaz soportar el peso de naves y astronautas o estos se hundirían en el polvo. En este caso la solución fue sencilla aunque cara. Se envío una sonda, la Surveyor 1 , cuya primera tarea era sacar una foto para ver si se estaba hundiendo…
En los años 50, la tecnología era mucho más primitiva aunque eso no impedía diseñar algunas misiones para recoger muestras lunares. La primera idea, denominada proyecto A119, fue
lanzar un misil con una bomba nuclear contra la Luna. Se suponía que fragmentos proyectados por la explosión podrían caer en la Tierra permitiendo su análisis. Otras versiones más “delicadas” solo buscaban crear una nube de gases y escombros que se pudiese analizar desde la Tierra. Naturalmente esta era una carrera entre dos. La versión soviética se llamaba E-4 y aunque comenzó más tarde parece que llego a desarrollarse algo mas, incluyendo la construcción de prototipos desarmados. En ambos casos los proyectos quedaron paralizados por el miedo a la posible publicidad negativa. Y eso sin contar con los importantes argumentos científicos en contra como el riesgo de contaminación irreversible. Una descripción mas detallada sobre las
propuestas de explosiones nucleares en la Luna puede encontrarse en el anterior enlace.

Afortunadamente la prohibición de explosiones nucleares en el espacio que comentamos en una entrada anterior, acabo definitivamente con estas ideas. La alternativa era estrellar algo contra la Luna. Durante las misiones Apolo, y en plan ahorrativo, se lanzaron contra su superficie
cuatro etapas de ascenso con el combustible agotado e incluso varias etapas del cohete Saturno-5 . Antes se habían instalado sismógrafos en la superficie de forma que se detectase el impacto y se pudiesen analizar las ondas sísmicas posteriores.
Posteriormente hemos seguido con el bombardeo. La norteamérica Lunar Prospector y la europea Smart-1, se lanzaran contra la Luna al acabar su vida útil. La idea era volatilizar el material y analizar los gases liberados para intentar localizar hielo bajo su superficie. De cara al futuro, se sigue pensando en impacto contra la Luna. Por un lado los norteamericanos con su nave LCROSS planean lanzar un proyectil del 2.000 kg contra ella a principios del 2009. Por otro lado los británicos están trabajando en penetradores capaces de estrellarse contra la Luna a mas de 1.000 km/h, enterrarse bajo la superficie y sobrevivir. Su objetivo es analizar su composición y utilizar los terremotos lunares para seguir analizando su composición y la distribución de masas en su interior. Un método violento pero muchísimo más pacifico que una bomba nuclear.