De bacterias a monos pasando por ratones, gatos y perros (en vuelos distintos por si las moscas). La colección de animales que han volado al espacio es mucho mas amplia que lo que pensamos.
“Es agosto de 1854 y la ciudad de Londres es una ciudad de carroñeros” . Siempre he pensado que una buena frase al comienzo de un libro es lo mejor para engancharte. Como en este caso.
Cuando una tecnología es nueva toca probar todo tipo de cosas curiosas. En este video podemos ver algunos ejemplos de aviones de principios de siglo. Aunque, en algunos casos, llamarlos aviones es algo optimista. En lugar de alas tenemos sombrillas. O batidoras. O extraños cilindros perforados, tal vez para aprovechar el efecto Magnus. Quizás mi preferido es un avión que consigue volar con un ala en forma de disco o platillo. Por favor, “conspiranoicos” abstenerse de hacer comentarios sobre ovnis y hombrecillos verdes.
No hay nada peor que tener una fotografía y no recordar donde la has sacado. Bueno si. No recordar quien es esa persona que tienes al lado. O quien te la ha hecho. Como consuelo para despistados como yo, eso ha sucedido incluso con las fotografías de los primeros satélites espía.
Para acabar con esta serie nos quedaba una última opción. Si no podemos prescindir del combustible la mejor alternativa es no cargar con él. y recogerlo por el camino. Hay varias opciones y una de ellas es casi, casi como en el Come-cocos.
Un accidente en el que intervengan armas nucleares ya es lo bastante malo. Pero si hay algo peor es un accidente donde se pierdan armas nucleares. Y lo que resulta casi increíble es que docenas de bombas atómicas sigan perdidas.
No hablamos de contaminación lumínica aunque sea un problema. La pregunta es más básica. En un universo de cien mil millones de galaxias, de trillones de estrellas ¿Cómo es posible tener un cielo oscuro?
Hasta ahora solo tenemos motores que no somos capaces de construir, combustibles difíciles de obtener o diseños basados en la explosión de cientos de bombas nucleares. En estas circunstancias no es extraño que los diseñadores (o debería decir soñadores) estudiasen prescindir tanto de motores como del combustible. Por ejemplo utilizando velas y buscando algún tipo de “viento” que pudiese impulsarlas.
¿Qué hacer si te sabes muerto? Si has recibido suficiente radiación para morir y lo sabes. Una posible respuesta es estudiarte a ti mismo como a un animal de experimentación. De esta forma lo que vengan después sabrán algo mas de lo que te mato.
Una vez que se descarto la idea de ir al espacio utilizando bombas atómicas se empezó a pensar en diseños más “suaves”. Desde mini-explosiones de fusión a motores cohetes basados en la antimateria.
El proyecto Daedalus fue una de las primeras propuestas sólidas. Elaborado en los años setenta por la Sociedad Interplanetaria Británica se trataba de una inmensa nave de dos etapas y 54.000 toneladas de peso.