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Esta frase de Oppenheimer, uno de los principales arquitectos de la bomba atómica, es apropiada para recordarnos la responsabilidad cada vez mayor que tenemos los humanos. Ahora somos capaces de destruir mundos, al menos el nuestro.
Hemos celebrado un nuevo aniversario del lanzamiento de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki. Y, de nuevo, hay quien lo utiliza para argumentar que es la ciencia y la tecnología la culpable de los males del mundo moderno. Algo así como culpar a la herramienta y no la mano que la maneja.
Tal vez el problema radique en que nuestras motivaciones, actitudes y comportamientos no han cambiado. Frente a ello nuestra capacidad de destrucción ha aumentado exponencialmente. Si antes la deforestación de una región ocupaba siglos ahora solo necesitamos décadas. Si una guerra tribal implicaba arcos, flechas y cuchillos, un solo misil intercontinental puede acabar con millones de personas a miles de kilómetros.
Ante eso hay quien piensa que deberíamos renunciar a la ciencia. De hecho, hay quien solicita directamente eliminar toda la civilización para vivir en armonía con la naturaleza. Lo malo es que su sugerencia de retroceder 10.000 años acabaría con la mayoría de la población mundial. Sin olvidar el pequeño problema de que sin tecnología no habría métodos anticonceptivos eficaces, excepto la abstinencia, así que volveríamos a oscilar entre la superpoblación y la hambruna.
No creo que la solución sea tan simple. Son muy escasas las culturas que pueden sobrevivir sin metal para un arado o algún tipo de herramientas. Eso no evita el rechazo de algunas personas a la tecnología que utilizan cada día casi sin darse cuenta. Como Carl Sagan dijo: “Vivimos en un sociedad exquisitamente dependiente de la ciencia y la tecnología, cuando muy poco gente conoce algo de la ciencia de la tecnología. Para comprender lo que esto significa solo hay que recordar que la esperanza de vida antes del siglo XIX oscilaba entre 20 y 35 años. De haber vivido entonces me quedarían apenas tres días para superarla y, la verdad, me ha parecido poco tiempo.
En mi modesta opinión solo nos queda la posibilidad de madurar como especie. Somos responsables de los efectos de nuestra tecnología y debemos tomar todas las medidas posibles para reducirlos. Pero abandonarla solo nos dejaría más indefensos. Como una vez comento el escritor Larry Niven, “los dinosaurios murieron porque no tenían un programa espacial”. Es decir una cultura y civilización lo bastante avanzadas para desviar asteroides y evitar que eliminasen a toda su especie. Las amenazas naturales, sean volcanes o huracanes, terremotos o asteroides, plagas o hambrunas, no desaparecerán por ignorarlas.
Pero si es cierto que nos estamos quedando sin margen para más errores, esperemos aprender a tiempo de nuestra historia.
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