No somos muy buenos haciendo predicciones. Tal vez por eso adivinos y similares tienen tanto éxito. Y no me refiero a la capacidad de adivinar el futuro sino a algo mucho más básico. Saber si una acción es la causa de otra. Tendemos a pensar que basta con que sean simultáneas cuando puede haber otros efectos que no conocemos.
Esta vez no es un autobús ni estamos en una película. Nuestro protagonista es un tiburón y es mejor que siga moviéndose. Porque su respiración, el oxigeno que necesita, solo seguirá fluyendo si esta en movimiento.
Algunos defienden que el espacio es el lugar ideal para instalar paneles solares. Las ventajas son muchas, luz solar casi constante, si se escoge bien la órbita, ninguna nube que tape al sol y sin riesgos por tormentas o vientos fuertes. Pero, ¿seria también el lugar ideal para una planta?
“Es agosto de 1854 y la ciudad de Londres es una ciudad de carroñeros” . Siempre he pensado que una buena frase al comienzo de un libro es lo mejor para engancharte. Como en este caso.
Después de todos los siglos que la humanidad lleva persiguiendo al oro resultaría realmente paradójico descubrir que el oro se concentra siguiendo a la vida. O para empezar con la pregunta mas apropiada, ¿Qué ocasiona que se formen las preciosas pepitas de oro?
Sin un núcleo que les sirva como “cerebro”, sin mitocondrias para hacer de estomago y fuente de energía, los glóbulos rojos apenas pueden considerarse células. Y, sin embargo, son absolutamente fundamentales para nosotros.
Pulveriza un residuo. Redúcelo a polvo. Aparentemente desaparece. Pero si se trata de un plástico no biodegradable como el PVC, se distribuirá como un material inerte por ríos, lagos y mares. Lo que no sabemos es si, además de inerte, es inofensivo.
La nanotecnología se ocupa de trabajar con lo muy, muy pequeño. De remodelar los materiales por debajo de un micrómetro, es decir, una millonésima parte de un metro. Dimensiones tan pequeñas que hacen que no lleguemos a verla aunque nos rodee en multitud de productos.
La difteria es una de esas enfermedades que, afortunadamente, solo conocemos por las vacunas. Hace apenas cien años la situación era muy distinta. En aquella época, si eras un niño de entre 2 y 14 años la difteria era la principal causa de muerte.