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Domingo - 22.Septiembre.2019

El enemigo de mi enemigo

(09/09/2006)

Nadie esta libre de enemigos en la naturaleza. Cada presa tiene un cazador pero cada cazador también tiene enemigos capaces de acabar con el. Y aunque hubo experimentos a lo largo de toda la historia solo en las últimas décadas hemos aprendido a utilizar sistemáticamente este hecho a nuestro favor.

El control biológico de plagas es el caso mas conocido. Por ejemplo, podemos esparcir mariquitas en un campo para acabar con una plaga de pulgones. Sin embargo hay una variante todavía más interesante, el control de las enfermedades humanas. Tendemos a pensar en los virus solo como causantes de nuestras enfermedades pero esos son solo una parte. Existen multitud de virus que atacan a todo tipo de organismos y seres vivos. Plantas y animales sufren su azote por igual pero quizás os sorprenda saber que hasta las propias bacterias pueden ser afectadas. Y cuando una bacteria puede provocar una enfermedad, un virus que la ataque puede ser un gran aliado. La idea es sencilla, identifiquemos las enfermedades que puede sufrir una bacteria y provoquémoslas.

Se conoce como bacteriófagos a los virus que tiene a las bacterias como sus victimas. Son conocidos desde principios de siglo XX aunque se ha trabajado poco con ellos. Su principal uso en la actualidad es servir como herramienta para introducir cadenas de ADN en las bacterias y obligarlas a producir productos concretos. Sin embargo, en la Unión Soviética se trabajó desde los años 40 en la utilización de virus para luchar contra las enfermedades provocadas por bacterias Bandera inglesa. Un virus natural podría infectar a las bacterias, modificar su ADN para obligarlas a fabricar múltiples copias de si mismo y finalmente reventarlas para liberar todos los virus generados. Exactamente lo mismo que otros virus hacen con nuestras propias células.

Pensemos que nuestros antibióticos están dejando de ser eficaces tras unos pocos años o décadas de utilización. En cambio, los virus han podido vencer las defensas de las bacterias durante largo tiempo, tal vez durante millones de años. Lo hacen evolucionando y cambiando tan pronto como las bacterias lo hacen. Una habilidad que no somos capaces de imitar. Por ello, la Food and Drug AdministrationBandera inglesa acaba de aprobar la utilización de virus esparcidos sobre carne o el pollo para eliminar varias cepas de Listeria monocytogenes y evitar que se conviertan en un problema alimentario.

La verdad es que me encanta la idea de cultivar cepas de virus capaces de “comerse” a las bacterias que producen el cólera y la tuberculosis o al parásito que provoca la malaria. Aunque no se si existen virus naturales les ataquen. Sin duda seria el método más limpio y natural para protegernos de ellas. Ya se sabe que el enemigo de mi enemigo puede ser mi amigo.

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